El 67 por ciento de los documentos de voluntades anticipadas registrados en el País Vasco corresponden a mujeres

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Por edades, son los mayores de 45 años los que más otorgan dichos documentos

Madrid, 26 de febrero 2009 (medicosypacientes.com)

El Registro Vasco de Voluntades Anticipadas ha hecho públicos, recientemente, las principales magnitudes de esta entidad desde que se puso en marcha, en abril de 2004. En este sentido, su máximo responsable, José Luis Vidal, ha puesto de manifiesto que han sido registrados en el País Vasco 4.392 documentos de voluntades anticipadas, desde el año de su creación. De éstos, el 67 por ciento corresponde a mujeres, “posiblemente, debido al rol tradicional de cuidadoras que han desempeñado en la sociedad”. tal como ha indicado. Por tramos de edad, un 43,5 por ciento de estos documentos lo otorgan personas entre 45 y 65 años, un 35 por ciento es mayor de 65 años y el 21,5 por ciento restante tiene entre 18 y 45 años.

En cuanto a la distribución por provincias, Guipúzcoa es la que más documentos de voluntades anticipadas ha registrado, con un total de 1.785 (40,64 por ciento). Después sigue Vizcaya, con 1.645 inscripciones (37,45 por ciento), mientras que Álava presenta el menor número en términos absolutos, con 962 registrados (21,9 por ciento).

El responsable del Registro Vasco de Voluntades Anticipadas indicó con respecto a la vía utilizada para formalizar el documento, que actualmente, “un 34,8 por ciento lo hace ante testigos; un 52,5 por ciento, ante el encargado del Registro Vasco de Voluntades Anticipadas; y un 12,6 por ciento lo realiza ante notario”.

José Luis Vidal señaló, asimismo, que a la hora de formalizar los documentos de voluntades anticipadas, “las personas pueden tener clara la idea general pero la dificultad reside en darle una forma final que se pueda entender con claridad por quien tenga que aplicarlos. Aquí, a la hora de la interpretación, es muy importante el rol de quien haga de representante”. En este sentido, explicó que “la práctica totalidad de los otorgantes nombran a un representante como interlocutor con el equipo asistencial para interpretar sus valores y preferencias".

Demandas más habituales

Además de la figura del representante, en la mayoría de los documentos “se solicita la analgesia (alivio del dolor y sufrimiento) como un elemento básico del tratamiento en la última fase de la vida”. Asimismo, “si se garantizase en el domicilio el máximo confort posible” -control de síntomas- “y si el entorno familiar es propicio, también se orientan las peticiones a un exitus letalis –proceso hacia la muerte- desde el hogar”.

Otra de las pautas repetidas suele ser la solicitud de “limitación del esfuerzo terapéutico y la renuncia a técnicas de soporte vital o a intervenciones fútiles cuando la situación sea de inconsciencia permanente o estado irreversible, irrecuperable y terminal, optando por los cuidados paliativos si ello no supone un alargamiento de la agonía”.

Por otra parte, destacó el “elevado porcentaje de personas otorgantes que manifiestan su deseo de donar sus órganos y tejidos si fuesen útiles para la asistencia sanitaria”.

Autonomía personal y dignidad

Por su parte, Marije Goikoetxea, magíster en Bioética y coautora del Documento de Voluntades Anticipadas editado por el Gobierno vasco, señaló con motivo de su intervención en la jornada organizada por el Hospital San Juan de Dios de Santurce que “el respeto a la autonomía de las personas es un derecho que se fundamenta en su propia dignidad”, subrayando que las personas capaces de decidir la gestión de su vida privada, “tienen derecho a hacerlo en función de sus propias creencias y valores”. Sin embargo, puntualizó que este derecho “ha tardado mucho en ser reconocido en el ámbito sanitario”, ya que “la gestión del cuerpo, de la salud y de la enfermedad ha sido durante años responsabilidad exclusiva de los profesionales sanitarios”.

Goikoetxea comentó que “la Ley de Voluntades Anticipadas convierte este instrumento en un derecho de los pacientes que puede ejecutarse a través de un determinado procedimiento” y que el documento de voluntades anticipadas es “un instrumento eficaz para integrar en las decisiones a tomar los valores y deseos de la propia persona y, de este modo, decidir lo mejor para ella, respetando así su dignidad”.

La comunicación, imprescindible

Por su parte, el miembro de la Comisión Deontológica de la Organización Médica Colegial Jacinto Bátiz, y moderador de la conferencia, puso de relieve que para el profesional sanitario “es de gran importancia conocer los últimos deseos del enfermo, con el fin de respetar así su autonomía personal y huir de una práctica médica paternalista”.

El también jefe de la unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurce indicó, al respecto, que esas voluntades anticipadas no sólo se pueden conocer a través del documento de voluntades anticipadas del enfermo “que tal vez se haya firmado en unas condiciones distintas a las que tenga próximas a su muerte”. Por eso, abogó por desarrollar siempre que sea posible “una comunicación fluida, abierta y sincera con el enfermo o en su caso con la familia, para cumplir los últimos deseos de la persona”.

Además, hizo hincapié en que la relación entre el profesional sanitario y el enfermo “debe basarse en un trato continuado y no esporádico”, señalando que el documento de voluntades anticipadas puede constituir “un elemento de inicio o de continuación de un diálogo sobre el proyecto de vida de la persona”. Igualmente, expresó su convencimiento de que “no es razonable” el seguimiento “a ultranza” de dicho documento en las situaciones en las que no ha habido relación previa, considerando como una medida sensata “dejar pasar unos días para clarificar el estado clínico y las decisiones del enfermo”.

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